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"He procurado diligentemente no reírme de las acciones humanas,
ni llorarlas, ni abominar de ellas, sino comprenderlas".

Baruch Spinoza

 


MANUEL ROMERO
Letras de tangos: 
Haragán
La canción de Buenos Aires 

Haragán

La pucha que sos reo
y enemigo de yugarla,
la esquema se te frunce
si tenés que laburarla.
Del orre batallón
vos sos el capitán,
vos crees que naciste
pa' ser un sultán.
Te gusta meditarla
panza arriba en la catrera
y oír las campanadas
del relo' de Balvanera.
Salí de tu letargo,
ganate tu pan,
si no yo te largo,
sos muy haragán!

Haragán,
si encontrás el inventor
del laburo lo fajas!
Haragán,
si seguís en ese tren
yo te amuro, cachafaz!
Grandulón!
Prototipo de atorrante robusto, gran bacán
despertá si dormido estas,
pedazo de haragán.

El día del casorio
dijo el tipo e'la sotana:
"El coso debe siempre
mantener a su fulana",
y vos que interpretas
las cosas al revés,
que yo te mantenga
es lo que querés.
Al campo a cachar giles,
qu'el amor no da pa tanto,
a ver si se entrevera
porque yo ya no lo aguanto.
Si en tren de cara rota
pensás continuar
"Primero de Mayo"
te van a llamar!
..................................................................................

La canción de Buenos Aires

Buenos Aires, cuando lejos me vi
sólo hallaba consuelo
en las notas de un tango dulzón
que lloraba el bandoneón.
Buenos Aires, suspirando por ti
bajo el sol de otro cielo,
cuánto lloró mi corazón
escuchando tu nostálgica canción.

Canción maleva, canción de Buenos Aires,
hay algo en tus entrañas que vive y que perdura.
Canción maleva, lamento de amargura,
sonrisa de esperanza, sollozo de pasión.
Ese es el tango canción de Buenos Aires,
nacido en el suburbio que hoy reina en todo el mundo.
Este es el tango que llevo muy profundo
clavado en lo más hondo del criollo corazón.

Buenos Aires donde el tango nació,
tierra mía querida.
Yo quisiera poderte ofrendar
todo el alma en mi cantar
y le pido a mi destino el favor
de que al fin de mi vida
oiga el llorar del bandoneón
entonando tu nostálgica canción.






Recopilación de textos: Abel Cortese