UNA VICEPRESIDENCIA ÚNICA |
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UNA VICEPRESIDENCIA ÚNICA
“Cuando fuimos a la Casa de Gobierno —le dijo el Diputado
Gustavo Caraballo a Juan Domingo Perón— yo le reservé un lugar
a Isabel. ‘El despacho mío, de secretario general, se lo di a
la señora Isabel porque me parece que debe ocupar un despacho al
lado suyo’.
El
General se enojó muchísimo. "¡No! ¿Por qué hizo eso? Ella
tiene que ir al Senado a aprender política; el puesto de
vicepresidente es ahí’.
Pero
yo ya no podía echarme atrás. Ella no fue nunca al Senado y José López Rega tampoco iba a Bienestar Social. Les traían todo hecho y se
quedaban ahí”.
“No
iba al Senado", recuerda el secretario privado José Antonio
Allende; "ella juró y no ejerció ninguna tarea legislativa en
cuanto a ver que saliera una ley. Eso lo hacía el vicepresidente
del Senado, o los presidentes de bloque. (...) La única vez que
fue, se hizo una especie de preparación de escena y se acordó qué
iban a hacer con la sesión formal al solo efecto de que ella
presidiera alguna vez el cuerpo; se le dio todo por escrito y se
evitó que se complicara el esquema que se había hecho. ‘Quédese
tranquila, señora, que es cosa sencilla”, le susurró Allende.
Isabel contestó: ‘Bueno, para usted será cosa de todos los días,
pero para mí no. Yo estoy nerviosa’.
“Ella
incluso no conocía a todos los senadores. Nunca fue al bloque.
Acompañaba sí a Perón cuando éste, como presidente de la Nación,
visitaba el Senado”.
('ISABEL
PERÓN', María Sáenz Quesada)
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