UNA CRISIS DE IDENTIDAD |
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UNA CRISIS DE IDENTIDAD
El peronismo ha sido objeto de estudio tanto en Argentina como en múltiples países, llegando siempre a la conclusión de que es inclasificable.
En efecto, para estudiarlo en forma completa se lo clasifica en sucesivas versiones: primer peronismo, segundo, tercero.
También se recurre a sus principales protagonistas: el de Evita y Perón, el de Perón sin Evita, el de López Rega y Perón, el de Isabel, el de Menem.
O a su color circunstancial: nacional y populista (1946-1950), dictatorial y amigo de las inversiones extranjeras (1951-1955), maldito de la burguesía (1955-1968), socialista y guerrillero (1969-1972), dialoguista (1972-1973), represor de la izquierda y terrorista de Estado (1974-1976), socialdemócrata (1982- 1989) y neoliberal (1989-1999).
Esta insólita realidad se aplicaba a las relaciones de Perón y los
Montoneros —comenta Pablo Giussani—, también “plagadas de secuencias absurdas entre estímulos y respuestas, entre pasos a la derecha por parte de Perón y reacciones aprobatorias desde la izquierda, acompañadas de bizantinas explicaciones”. Se había vuelto maniática la insistencia sobre táctica y estrategia, palabras rituales que permitían explicar lo inexplicable. “Hay, así, un Perón táctico, inmerso en la irrealidad... que tenía de confidente y delfín a López Rega, y bendecía la derecha sindical”. “Y detrás estaba el Perón estratégico, el verdadero, provisto de una realidad secreta a la que sólo tenían acceso los iniciados”, y que era “inverificablemente revolucionario”.
En esos años circulaba un chiste ilustrativo. Decía que Mario Firmenich (el jefe de la organización guerrillera Montoneros) había sido condenado a muerte por orden de Perón, junto con los demás miembros de la conducción montonera. Antes de caer fusilado, exclamaba con inmensa alegría a sus compañeros de infortunio: “¿Qué me dicen de esta idea genial que se le ocurrió a nuestro líder?”.
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