UN
SENTIMIENTO QUE
VALE LA PENA TENER |
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UN
SENTIMIENTO QUE VALE LA PENA TENER
En
la biografía de Alicia Dujovne (‘EVITA’), la autora relata la
fuerza de un sentimiento que haría de Eva Duarte la mujer más
importante de la historia argentina:
‘He
hallado en mi corazón –escribió Evita- un sentimiento
fundamental, que domina desde allí, en forma total, mi espíritu
y mi vida: ese sentimiento es mi INDIGNACIÓN FRENTE A LA
INJUSTICIA. Desde que yo me acuerdo, cada injusticia me hace doler
el alma como si me clavase algo en ella. De cada edad guardo un
recuerdo de alguna injusticia que me sublevó desgarrándome íntimamente’.
Este
sentimiento adquirió una dimensión social cuando era todavía
una niña, recuerda Evita, porque a los once años oyó ‘por
primera vez de labios de un hombre de trabajo que había pobres
porque los ricos eran demasiado ricos; y aquella revelación me
produjo una impresión muy fuerte’. A partir de ese momento, no
pudo pensar en esa injusticia sin indignarse, ‘y pensar en ella
me produjo siempre una rara sensación de asfixia, como si no
pudiendo remediar el mal que yo veían, me faltase el aire para
respirar’. Describió la pobreza como un veneno al cual los
pobres se acostumbran pasivamente pues ven su miseria como algo
‘natural’, pero ella lo rechazó desde pequeña y nunca le
pareció ‘natural y lógica la injusticia social’. Esa
indignación frente a la injusticia, afirmó Evita, es quizá lo
único inexplicable de mi vida: lo único que aparece en mí sin
causa alguna’. Como hay pintores y poetas que nacen con un
talento especial para el arte y la poesía, ‘yo tengo y ha
nacido conmigo, una particular disposición del espíritu que me
hace sentir la injusticia de manera especial, con una rara y
dolorosa intensidad’.
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