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"He procurado diligentemente no reírme de las acciones humanas,
ni llorarlas, ni abominar de ellas, sino comprenderlas"

Baruch Spinoza

 


UN COMIENZO FUERTE PARA 
BUENOS AIRES

UN COMIENZO FUERTE PARA BUENOS AIRES
Para las estadísticas, Pedro de Mendoza fundó Buenos Aires el 2 de febrero de 1536. Su expedición estaba compuesta por unas 1.700 personas, entre las cuales había unas pocas mujeres y once caballeros que luego se diseminarían por el territorio conquistado para nuevas fundaciones. ULRICO SCHMIDL fue un soldado bávaro que participó en esa expedición, así como en la fundación y defensa de la primitiva Buenos Aires, permaneciendo en territorio sudamericano por diecisiete años. En 1554 regresó a Baviera y escribió en alemán el primer libro donde se mencionan las peripecias sufridas por los primeros porteños.

Después que volvimos nuevamente a nuestro campamento, se repartió toda la gente: la que era para la guerra se empleó en la guerra y la que era para el trabajo se empleó en e! trabajo. Allí se levantó una ciudad con una casa fuerte para nuestro capitán don Pedro Mendoza, y un muro de tierra en torno a la ciudad, de una altura como la que puede alcanzar un hombre con una espada en la mano. Este muro era de tres pies de ancho, y lo que hoy se levantaba, mañana se venía de nuevo al suelo; además la gente no tenía qué comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían utilizarse. Fue tal la pena y el desastre del hambre, que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros todo tuvo que ser comido.

Sucedió que tres españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas; y así que esto se supo, se los prendió y se les dio tormento para que confesaran. Entonces se pronunció la sentencia de que se ajusticiara a los tres españoles y se los colgara en una horca. Así se cumplió y se los ahorcó. Ni bien se los había ajusticiado y se hizo la noche, y cada uno se fue a su casa, algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y allí los comieron. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que había muerto. Esto ha sucedido en el año 1535, en el día de Corpus Christi, en la referida ciudad de Buenos Aires.

('La Buenos Aires Ajena', Jorge Fondebrider, Comp.)

 


Recopilación de textos: Abel Cortese
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