UN BRUJO EN EL PODER |
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UN BRUJO EN EL PODER
José López Rega, apodado “el Rasputín argentino” por comparación con el misterioso mujik de la corte de los Romanoff, tal vez no tenga parangón –a excepción quizá de algunos jerarcas nazis- en su extravagante maldad. Su obsecuencia y astucia le permitió pasar de virtual mayordomo de Perón, en su quinta de Madrid, a ser su mano derecha. Catapultado sin escalas de cabo a comisario, llegó al Ministerio de Bienestar Social de la Nación en el tercer gobierno de Perón. Pero esa era su actividad menor. La más importante era organizar en las propias narices del general una vasta y feroz organización llamada ‘Triple A’. Su accionar criminal dejó, en un par de años, cerca de dos mil muertos.
El ascenso de López Rega al poder no era más que otro síntoma de una de las debilidades características del liderazgo de Perón: la adopción de una estructura casi monárquica que permitía al rey imponer a su reina y el bufón de la corte a un país que, en otros aspectos, era el más sofisticado de América Latina en materia de política. La única evidencia palpable del descontento de Perón está contenida en una carta enviada a Jorge Antonio, el 19 de octubre de 1973: ‘López Rega, enloquecido, me crea toda clase de problemas, así le irá’.
('PERON', Joseph Page).
López Rega tenía pasión por la astrología y se dedicaba a las ciencias ocultas, con las que seguramente envolvía al anciano general, y sobre todo, a su inefable esposa.
Para probar la ‘conexión astral’ que tenía el ‘brujo’ con Perón, relata
Tomás Eloy Martínez en 'LA NOVELA DE PERÓN':
‘Un concierto de gárgaras, en el baño de arriba, profana la lectura. El general reconoce los estruendos con que López Rega anuncia sus aseos, al filo de la medianoche. A cada gárgara le sucede un desgarro de mocos, y casi de inmediato, el redoble de pedos con que el secretario se alivia el estómago.
“Su estómago, mi general”, lo ha corregido López. “Yo nada tengo que ver con eso. Son los vientos que se le cuelan a usted en la boca y usan después mi cuerpo para soltarse.
“¿Cómo es posible?”, le ha preguntado Perón.
“He tenido siempre una digestión perfecta”. Pero el secretario insiste:
‘Las gárgaras sí son mías. A los otros ruidos me los transmite usted’.
Escrito de López Rega del 15 de julio de 1966:
‘Las jerarquías del sótano milenario y las momias faraónicas están en plena actividad, luchando contra este pobre vigilante, contra esa niña flaca y rubia. La batalla es definitiva, y así se lo manifesté claramente al jefe. Le dije, entre otras cosas, que mi viaje no fue para acompañar a Isabel ni para descansar en su mansión. Vengo en busca de una definición y no me iré sin ella. Me pidió tiempo de vida para dejar el movimiento en manos institucionalizadas y retirarse como filósofo patriarca de América’.
En su ‘ASTROLOGÍA ESOTÉRICA’, de 1970, escribió que a Perón le correspondía el acorde musical La, Si, Mi 2, que su destino obedecía a los perfumes zodiacales de la rosa y el clavel salmón, a cinco partes de color celeste y cinco partes de gris, a las alteraciones de la vejiga, a los uréteres, el sistema vasomotor y la piel.
‘Yo soy el pararrayos que detiene todos los males enviados contra esta casa. Cada vez soy menos López Rega y cada vez soy más la salud del general’, dijo un día de 1972. (LA OPINIÓN, 22 de julio de 1975, artículo de Tomás Eloy Martínez).
Cuando Perón murió, la influencia de López Rega creció aún más, en el gobierno de Isabel Perón. El biógrafo norteamericano Joseph Page escribió:
‘Pocos días después de la muerte de Perón, en una reunión con ministros y militares, Isabel fue directo al grano. Con una expresión torva en el rostro, comunicó a los presentes que había llegado a sus oídos las serias objeciones que se le hacían a López Rega. Les recordó que Perón había considerado ‘como a un hijo’, y antes de dejar abierta la discusión sobre el tema, prodigó loas calurosas a su ministro de Bienestar Social’.
“Tenía la costumbre de decir en voz baja las mismas palabras que Isabel pronunciaba en público. Según una anécdota, cuando se le preguntó por qué hacía esto, su respuesta fue que el funcionaba como el médium entre la presidenta y Perón que, desde la tumba, hacía llegar su mensaje a través de la viuda”.
('PERÓN', Joseph Page).
“Ese hombre me metió el diablo en el cuerpo’, habría dicho Isabel en un reconocimiento tardío de la mala influencia ejercida por el “Brujo” López Rega sobre su persona y, lo que es mucho más, grave, sobre el país.
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