PURA GANANCIA |
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PURA GANANCIA
Un ingeniero se apersonó con varios planos de un puente fastuoso -entonces utópico- tendido sobre el Río de la Plata, entre Buenos Aires y Colonia, que se prolongaba en una autopista de ocho carriles a Montevideo. El puente iba a llamarse 'PRESIDENTE
PERÓN', y el ingeniero ofrecía gestionar la construcción sin pedir nada a cambio: sólo el apoyo verbal del anciano exiliado. 'La idea es muy buena', concedió Perón. 'Usted métale nomás y ojalá tenga suerte'. Casi en seguida, despidió al visitante con algunas palmadas en la espalda.
Creí que Perón estaba enterado de cómo se financiaría el costoso proyecto y le pregunté, cauteloso, si había empresas uruguayas y argentinas ya comprometidas. 'Vaya a saber', respondió el General. 'Usted oyó lo mismo que yo'. Desconcertado, le dije: 'No, no entiendo entonces por qué le dio su apoyo al ingeniero. Mire si todo es al final un papelón'.
'Cada semana vienen a verme diez o quince personas con grandes ideas', me explicó Perón, 'y a todas les digo que sigan adelante. ¿Para qué desilusionarlos oponiéndome? Si les va mal, yo no tengo nada que ver. Y si les va bien, ya me han asociado a su hazaña. Como usted se dará cuenta, para mí es pura ganancia'.
('LAS MEMORIAS DEL GENERAL', Tomás Eloy Martínez)
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