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"He procurado diligentemente no reírme de las acciones humanas,
ni llorarlas, ni abominar de ellas, sino comprenderlas"

Baruch Spinoza

 


LOS VUELOS DE LA MUERTE
 

LOS VUELOS DE LA MUERTE
En 1995 se publicó en Argentina el libro 'EL VUELO', del periodista Horacio Verbitsky, que transcribe las confesiones del Capitán de Corbeta Retirado Francisco Scilingo, en las cuales describe cómo fueron los operativos de exterminio de los detenidos-desaparecidos durante la Dictadura Militar (‘el vuelo’, según el argot de la Escuela de Mecánica de la Armada). 

Estos son algunos de los fragmentos estremecedores de la obra:

“Con respecto a los subversivos que fuesen condenados a muerte o que se decidiese eliminarlos, comentó que iban a volar, y así como hay personas que tienen problemas, algunos no iban a llegar a destino. Y dijo que se había consultado con las autoridades eclesiásticas, no sé a qué nivel, para buscar que fuese una forma cristiana y poco violenta.

-Descríbame cuál fue el paso siguiente.

-Fui al sótano, donde estaban los que iban a volar. Abajo no quedaba nadie. Ahí se les informó que iban a ser trasladados al sur y que por ese motivo se les iba a poner una vacuna. Se les aplicó una vacuna... quiero decir una dosis para atontarlos, sedante. Así se los adormecía.

-¿Dosis de qué?

-No sé. Una inyección.

-¿Quién la aplicaba?

-Uno de los médicos que estaba destinado ahí.

-¿Un médico naval?

-Sí. Después se los subió a un camión de la Armada, un camión verde con toldo de lona. Fuimos a Aeroparque, entramos por la parte de atrás... Como no cabían todos, se dividió en dos el grupo que iba a volar. Yo iba como pinche. No sé por qué, me nombra a mí a cargo del primer vuelo. Al avión subimos dos, yo y mi jefe y supervisor, el teniente Vaca, que después resultó que no era tal teniente Vaca, sino un abogado civil contratado... A partir de ahí se cargaron como zombies a los subversivos y se embarcaron en el avión.

-(...)¿Podían subir al avión caminando a pesar de la droga?

-No. Había que ayudarlos.

-¿No tenían conciencia de lo que estaba pasando?

-De eso no tengo ninguna duda. Nadie tenía conciencia de que iba a morir.

-El hecho de haber recibido lo que creían que era una vacuna, cuando sentían que se ponían como zombies, no hacía que...

-No, no, no.

-El vuelo despegaba de Aeroparque. ¿Cómo sigue?

-No tengo ganas de seguir contando.

(...)

-¿Los capellanes aprobaban el método?

-Sí. Después del primer vuelo, pese a todo lo que le estoy diciendo, me costó a nivel personal aceptarlo. Al regreso, aunque fríamente pensara que estaba bien, interiormente la realidad no era así. Creo que es un problema del ser humano, si hubiese tenido que fusilar me hubiese sentido igual. Al día siguiente no me sentía muy bien y estuve hablando con el capellán de la Escuela, que le encontró una explicación cristiana al tema. No sé si me reconfortó, pero por lo menos me hizo sentir mejor.

-¿Cuál fue la explicación cristiana?

-No me acuerdo bien, pero me hablaba de que era una muerte cristiana, porque no sufrían, porque no era traumática, que había que eliminarlos, que la guerra era la guerra, que incluso en la Biblia está prevista la eliminación del yuyo del trigal. Me dio cierto apoyo.

(...)

-Cuando me cansé de que mis superiores no me respondieran envié otra carta, con fotocopia de todas las anteriores al Presidente de la Nación en su calidad de Comandante en Jefe de las Fuerzas Aremadas. La recibió el brigadier Andrés Antonietti, que era jefe de la Casa Militar.

-¿Qué pasó?

-Nunca me contestaron. Por lo que supe, el presidente Menem leyó la nota y le pidió a Antonietti: ‘Paren a este loco’. 

 


Recopilación de textos: Abel Cortese
Contacto: info@argentina-insolita.com.ar