LE FALTÓ EL CANICHE |
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LE FALTÓ EL CANICHE
“A Perón le hubiera venido bien un poco del recato de Irigoyen. Pese a ser consciente de su propia autoridad, le gustó rodearse de adulones, especie donde las mediocridades abundan y los hombres capaces escasean.
Era realmente notable la superioridad de Perón sobre sus cortesanos: cuando les permitió dominarlo, hizo que el ambiente público fuera aún más venal y chabacano que antes.
En su vejez, esta afición por los obsecuentes redundaría en el ascenso de individuos tan grotescamente inadecuados como José López Rega, Héctor Cámpora, Raúl Lastiri y su tercera esposa, Isabel. Era como si se sintiera compelido a comprobar la eficacia de su carisma imponiendo al país personajes cada vez más insólitos: en su momento de mayor poder, podría –como un Calígula redivivo- tal vez haber designado ministro a su caniche favorito”.
('PERÓN', Joseph Page)
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