LAS MUJERES MAS BELLAS
ESTÁN EN BUENOS AIRES |
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LAS MUJERES MAS BELLAS ESTÁN EN BUENOS AIRES
¿Están las mujeres de Buenos Aires entre las más bellas del mundo?
A continuación, el testimonio de varios extranjeros que, a lo largo del tiempo, emitieron sus opiniones:
‘Confieso que son hasta cierto punto disculpables, pues las más de las mujeres son extremadamente bellas, bien formadas y de cutis terso; y sin embargo tan fieles son a sus maridos que ninguna tentación puede inducirlas a aflojar el nudo sacro; pero, por otra parte, si delinquen los maridos, son a menudo castigados con el veneno o el puñal’.
(ACARETE DU BISCAY fue un aventurero francés que llegó a Buenos Aires hacia 1658)
‘Las mujeres son por lo común bien parecidas y garbosas; tienen mucha viveza y sagacidad y un corazón tal vez demasiado sensible y afectuoso’.
(JOSÉ DE ESPINOZA y FELIPE BAUZA, 1795)
PORTEÑAS
‘La mayor parte de las mujeres son muy lindas y algunas, beldades perfectas por la exquisita línea de sus facciones; su color es generalmente pálido tendiendo a oliva; nariz aguileña, y mucha dulzura en la boca. Los grandes ojos negros por los que son célebres las beldades españolas, en ocasiones disparan unas descargas de expresión que no se encuentran a menudo en climas más septentrionales. Sus figuras son buenas en extremo y saben cómo hacerlas resaltar prestando grande atención a la gracia del porte. Invariablemente danzan y caminan bien, y con tal aparente soltura, que no se ve el mínimo dejo de afectación; ciertamente, tienen menos que el admitido por varias de mis paisanas que han escrito sobre el punto; pero nadie que haya observado la gracia y soltura con que se conduce la dama porteña, hesitaría un momento en expresar su admiración. No debo omitir mencionar también el gusto desplegado en el arreglo de los lustrosos rizos de sus cabellos color ala de cuervo, que nunca se desfiguran con gorra o bonete; los únicos adornos son una peineta y, a veces, una flor, y los oscuros rizos apiñados se dejan ondeando sobre el cuello hasta los hombros’.
(En 1817, el comerciante inglés SAMUEL HAIG llegó a Buenos Aires, primera escala de un largo periplo que duraría más de una década).
‘Las mujeres son bonitas y bien parecidas. Su compostura aumenta el porte altivo que saben adoptar. Un velo descuidadamente colocado sobre la cabeza, siempre descubierta, parece destinado a ocultar sus rasgos, pero los deja ver lo bastante como para excitar los deseos de los hombres. Por desgracia tienen mala dentadura, que desmerece algo su bonito rostro. Se puede atribuir el motivo al hábito de tomar, todas las mañanas, una infusión de mate muy caliente.
‘Las mujeres de Buenos Aires adoran los adornos con exceso; seguramente más que en cualquier otro país del mundo. Como su fortuna, por considerable que sea, no alcanza a cubrir los gastos de sus vestimentas, necesitan que las ayude la generosidad de un amante para tener lo que el marido les niega. Juzgan la generosidad de un hombre por la importancia de sus regalos’.
(JOHN MURRAY FORBES fue cónsul de Estados Unidos en Buenos Aires entre 1820 y 1831).
‘Es probable que también haya discrepancia de opiniones sobre esto último, pero en cambio existe unanimidad en apreciar los dones físicos con que la naturaleza ha favorecido a las porteñas, población femenina de Buenos Aires. En lo exterior, el carácter español alcanza aquí su expresión más feliz y la proporción de mujeres hermosas es considerable. A ello debe agregarse que en general visten con mucho gusto y discreción. Realizar un paseo a mediodía por la calle Perú, donde se encuentran las mejores mansiones, y cuyas aceras a esa hora se llena de vistosas y atrayentes figuras, constituye un verdadero placer. Una buena estatura y ojos magníficos es, casi sin excepción, la característica de todas las mujeres y algunas se destacan por su tez deslumbrante, aunque de diferente tonalidad que la nórdica. Las jóvenes generalmente usan mangas cortas, que dejan asomar brazos muy bien formados. El sombrero europeo no está muy generalizado, pero se ve uno que otro en el conjunto de cabezas descubiertas o tocadas con una mantilla que, a decir verdad, son mucho más sentadoras. En todas las categorías se observa un peinado cuidadoso y con los cabellos recogidos, luciendo muy a menudo como adorno una pequeña flor de vivo color, las más de las veces roja. Para el recién llegado de Suecia, donde el color gris predomina completamente en los atavíos femeninos, los colores aquí usuales resultan al principio quizá demasiado llamativos, pero al poco tiempo uno se acostumbra y aun los extraña al regresar a su patria. El color negro es también muy visto y siempre usado para concurrir a los templos’.
(Con el objetivo de expandir los negocios de su país en América del Sur, entre 1851 y 1853, el Rey de Suecia envió a la fragata Eugenia a que visitara Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Perú. La empresa trajo la nave a Buenos Aires el 3 de enero de 1852. El capitán C. SKOGMAN, cronista de la expedición, publicó su texto en Estocolmo en 1855).
('La
Buenos Aires Ajena',
Jorge Fondebrider, Comp.) |