LAS
MANOS DEL CHE,
LAS MANOS DE PERÓN |
|
 |
LAS
MANOS DEL CHE, LAS MANOS DE PERÓN
Dos
de los personajes históricos más importantes de la Argentina,
Ernesto Che Guevara y Juan Domingo Perón, tuvieron un idéntico y
curioso destino post-mortem: que se les cortaran las manos a sus
cadáveres.
En
el caso del Che, la ansiedad de los militares bolivianos por que
no se dudase de que su presa era el celebérrimo comandante
Ernesto Che Guevara, hizo que se le cortasen ambas manos para que
los especialistas argentinos, que demoraron vanos días en traer
sus impresiones digitales, pudiesen cotejarlas. Se adoptó esa
macabra decisión cuando hubiese bastado con tomar las huellas
digitales del cadáver ante periodistas, funcionarios y notarios.
A duras penas algunos lograron impedir que también se le cortase
la cabeza. Las manos fueron introducidas en un frasco con formol e
iniciaron un disparatado periplo que terminó en Cuba.
En
el caso de Perón, en junio de 1987 un grupo desconocido ingresó
una noche en el cementerio de la recoleta, profanó su tumba con
un sofisticado equipo... y le cortó las manos al cadáver.
Se
produjo un diluvio de acusaciones y sospechas: algunos peronistas
incluyeron a cubanos, montoneros, ingleses, masones y espiritistas
entre los posibles sospechosos; se salieron a buscar culpables en
el resto del mundo, la CIA y los estados europeos terminaron
interesándose en un caso tan extraño de necrofílica profanación,
que fomentó versiones de hechicería, esoterismo y brujería
(aunque en un comunicado anónimo se pedían 8 millones de dólares
por su devolución).
Al
margen de lo puramente policial y político, y mientras el
presidente Raúl Alfonsín repetía a todo el mundo, y en especial
a la viuda de Perón, que el caso sería resuelto con la ayuda de
servicios de inteligencia de otros países, el delirio argentino
campeaba hasta en los más mínimos detalles: se formó un ‘comando
peronista de recuperación de las manos de Perón” (SIC); un
grupo desconocido dejó un paquete con una carta en una playa de
estacionamiento, en la que decían que se arrepentían del hecho y
devolvían lo robado; al abrir el paquete, las autoridades se
encontraron con dos patas de cerdo; medio putrefactas. Las pezuñas
estaban enteras y rodeadas por jirones de carne en descomposición.
Iban acompañadas por una nota:
“Al
pueblo argentino: acá dejamos las manos del General. No valía ni
cinco pesos vivo, menos ahora sus manos pueden valer 8 millones.
Descanse en paz mi general.”
Ante
el desconcierto por un caso tan extraño, los jueces y policías
consultaron adivinos, magos, brujos y videntes, que decían tener
imágenes oníricas premonitorias, y que en cualquier momento podrían
llegar a ver dónde estaban las manos; y un detalle para la más
fina ironía: del peritaje judicial surgió que las cuatro
cerraduras del frente antibalas de la bóveda de Perón, fueron
compradas en Casa... Borges, el apellido del intelectual más
acérrimamente opositor del peronismo.
('CHE',
Pacho O'Donell, y 'LAS
MANOS DE PERÓN', Jorge Boimvaser)
|