LA
CABEZA ENJAULADA
DE PANCHO RAMÍREZ |
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LA
CABEZA ENJAULADA DE PANCHO RAMÍREZ
El
caudillo federal más popular de todo el Litoral, Francisco Ramírez,
apodado en vida 'el Supremo Entrerriano', murió asesinado por una
partida que lo emboscó el 10 de julio de 1821.
Comprender
esta bárbara historia exige recordar que las guerras del siglo
XIX fueron fratricidas. Y no sólo porque dividieron a los
miembros de una misma familia, sino porque enfrentaron incluso a
quienes compartían las mismas ideas políticas. La lógica
facciosa de la lucha devoró a muchos: los amigos de hoy serían
los enemigos de mañana, y las traiciones parecían no tener fin.
La
última batalla halló al caudillo al norte de Córdoba, ya no podía
volver sobre sus pasos en dirección al Paraná. Lo acompañaban
sus fieles y la Delfina, su amada. Hasta allí lo persiguió y
alcanzó, cerca de Río Seco, una partida: mientras sus soldados
escapaban y ponían a salvo su 'prenda', Ramírez recibió un
pistoletazo que lo tiró del caballo; su cabeza quedó como trofeo
y seña de identidad.
Estanislao
López dio la orden de embalsamarla y colocarla en una jaula de
metal en la Iglesia Matriz de Santa Fe, frente a la bandera. El
parte decía: 'para perpetua memoria y escarmiento de otros que
intenten oprimir a los heroicos y libres santafecinos'. Trece días
después, el Cabildo recibió y archivó la cuenta del
embalsamador, Manuel Rodríguez. En ésta figuraba el detalle
siguiente: doce pesos de espíritu de vino rectificado, diez pesos
de vino alcanforado. Rodríguez pidió además veinte pesos por el
trabajo de trepanación y demás cirugías, y cobró en total
cuarenta y dos pesos.
¿Cómo
interpretar esta voluntad de registrar puntualmente un hecho tan
aberrante? Esto ya forma parte de la propia trama de la civilización
humana, que en su afán burocrático documenta la barbarie.
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