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El
objeto de esta introducción es dejar bien en claro que
he procurado no tener ninguna intencionalidad política,
y al menos concientemente, ningún sesgo ideológico.
Sin
embargo, y sin ninguna duda, habrá quienes encuentren
suficientes ‘pruebas’ para dictaminar que sí hay
intencionalidad política y sesgo ideológico.
La
ambigüedad, el juego entre ficción e historia, entre
lo documental y lo imaginario, siempre han sido un
espacio de fascinación e interés para autores y
lectores. He tratado de eludir al máximo esta tentación,
para centrarme en todo aquello que pudo ser documentado
históricamente.
Aunque
no soy historiador, sino un compilador (que a semejanza
del primero elige hechos para ser presentados), he
tratado de seguir los principios de Luciano de Samosata,
en CÓMO HA DE ESCRIBIRSE LA HISTORIA, quien señaló:
'A la verdad sola debe ofrecer sacrificio el
historiador, impávido, incorruptible, desembarazado,
sin conceder nada ni al odio ni a la amistad, ciudadano
de ninguna ciudad, limpio de alianza con ningún
dirigente, fiel transcriptor del resultado de sus
investigaciones en una dicción que puedan entender
todos y aprobar los más instruidos'.
Es
difícil, como enseñaba Pascal, no reírse, llorar o
abominar de muchos hechos que encontrará en esta página,
su propósito es que el lector se conmueva con ellos, y
puedan sacarse algunas lecciones. Por lo menos no riamos
con autosuficiencia, no lloremos de impotencia o no
abominemos de las acciones de los demás como si las
nuestras jamás pudieran tocarse siquiera con las que
son objeto de nuestra abominación.
Personalmente
creo que en Argentina ya no quedan siquiera piedras para
tirarle a otro la primera, pero esto siempre es algo que
cada uno tiene que descubrir por sí mismo.
Toda
obra que aluda a hechos históricos puede generar mitos
(MÁS mitos), porque como lo señala Roland Barthes, en
su MYTHOLOGIES, 'el mito es un discurso despolitizado...
El mito no niega las cosas, al contrario, su función es
hablar de ellas; simplemente las purifica, las vuelve
inocentes, les da una claridad que no es la de una
explicación... Al pasar de la historia a la naturaleza,
el mito actúa económicamente: destruye la complejidad
de los actos humanos, les da la simplicidad de las
esencias, elimina todas las dialécticas... organiza un
mundo sin contradicciones porque no tiene profundidad,
un mundo abierto de par en par, un mundo abierto a la
evidencia, establece una claridad feliz: las cosas
parecen significar por ellas mismas”.
Al
presentar aquí algunos momentos clave de la historia
argentina, las ‘fotografías’ más impactantes, por
decirlo así, no se pretende negar la ‘película’
completa (con toda su complejidad), se trata simplemente
de verificar la enorme cantidad de hechos desusados,
extraños, muchas veces delirantes, que presenta nuestro
pasado, y mostrarlos de una manera amable, incluso humorística,
siempre que ha sido posible.
Para
quienes sientan que determinado personaje histórico ha
sido atacado o ridiculizado, aclaro que no ha sido mi
intención, y estoy de acuerdo por completo con La Rochefoucauld:
‘Es más fácil conocer la humanidad en
general que un individuo en particular’.
Salta
a la vista el predominio de aspectos insólitos
vinculados al peronismo, pero un investigador serio podría
constatar que esto es un hecho, y no un capricho o un
sesgo ideológico.
Al
poner énfasis en que las fotografías no constituyen
toda la película, echaré mano de algunos principios
muy interesantes que postula Edgar Morin en I'NTRODUCCIÓN
AL PENSAMIENTO COMPLEJO':
Ø
¿Qué es
la complejidad? A primera vista, es un fenómeno
cuantitativo de interacciones e interferencias entre un
número grande de unidades.
Ø
Todas las
cosas son causadas y causantes, ayudadas y ayudantes,
mediatas e inmediatas, y todas subsisten por un lazo
natural e insensible que liga a las más alejadas y a
las más indiferentes.
Ø
Los
individuos producen a la sociedad que produce a los
individuos. Somos, a la vez, productos y productores.
Ø
El todo
está en la parte que está en el todo.
En
algunos tramos, tal vez usted tenga la misma sensación
que tuve yo al avanzar en la investigación: “¡Parece
mentira, pero la historia argentina todos los días
vuelve a comenzar!”
Hay
explicaciones universales antes que sólo argentinas;
por ejemplo la de Colton: “El poder intoxicará los
mejores corazones, como el vino a las más fuertes
cabezas”; o la de Conrad Adenauer: “La historia es
el compendio de todo lo que pudo evitarse”; o la de
Thomas Paine:“El gobierno, en la mejor condición, es
un mal necesario, y en la peor es insoportable”; o
incluso la del propio Maquiavelo: “El poder antes que
una moral es una praxis, un arte que exige continuas
transacciones con el engaño y la mentira”.
No
faltará quien, con orgullo argentino, piense que estos
autores universales se sentirían desbordados al leer
estos relatos, confirmando con creces su penetrante visión.
Algo de razón
tendrán: la historia argentina es un espejo del complejo
carácter humano, pero también un asombroso muestrario de
contradicciones y tajantes divisiones, que no se
detienen por el paso del tiempo, y ni siquiera ante el
umbral de la muerte, como comprobará en las historias
que puede leer aquí.
Horace
Walpole señaló: ‘La historia es una comedia para los
que piensan y una tragedia para los que sienten’. Los
títulos colocados en cada relato indican que he optado,
debido a cuestiones literarias, por el primer enfoque.
Buena
suerte, y por pudor, me acuerdo de las advertencias que
ponen a veces las emisoras de Televisión: ‘Algunas de
las siguientes escenas pueden contener imágenes que
hieran la sensibilidad del espectador”.
Abel
Cortese
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