El
gol increíble |
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El
gol increíble
Defensores
ingleses fueron burlados por la obra maestra del argentino
La historia de las
Copas del Mundo está llena de los llamados “Goles de Antología”...
Pelé, Garrincha, Muller, Cruyff, Hurts, Rossi, Romario, Negrete,
Eusebio, han logrado goles, que hubieran obligado a Dalí, Picasso
o Rembrant, a saltar hacia el lienzo pincel en mano, para
perennizarlos en una pared del Louvre o en el Palacio de Versalles.
Antes del domingo 22 de junio de 1986, la pregunta: “¿Cuál ha
sido el mejor gol de los Mundiales?”, el más fantasioso, el
increíble, no tenía una respuesta precisa.
Yo tenía en mi ranking un “casi gol”, y fue aquella jugada
genial de Pelé contra Uruguay en el Mundial de 1970, cuando el
Rey fue a encontrar una pelota que le cruzaron desde la izquierda
sobre la salida de ese extraordinario arquero que fue Ladislao
Mazurkiewickz... Con el ángulo cerrándose, las tribunas,
empinadas sobre las uñas de los pies y con los ojos agrandados
como melones, se tensaron emocionalmente ante el imprevisible
desenlace... Fue entonces que Pelé saltó encima de la pelota en
lugar de buscar cómo dominarla y esquivar al arquero... ¡Qué
asombro señores!... La pelota trazando una diagonal sorprendente,
pasó al lado de un Mazurkiewickz desenfocado, y Pelé fue a dar
la vuelta por detrás llegándole al esférico... Sin arquero,
pero con un ángulo difícil, Pelé le pegó con la derecha...
Lamentablemente, la bola pasó rozando el vertical.
Aquel 22 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, ante casi 100 mil
personas, con Argentina enfrentando a Inglaterra en un clásico de
la Copa, Maradona realizó una obra maestra... Para el fútbol,
fue como si hubiera pintado el techo de la Capilla Sixtina.
Cada vez que veo el video de los grandes goles en las Copas, me
emociono y me levanto de la butaca para aplaudir.
Cuando Diego arrancó y pasó entre dos rivales, Beardsley y Reid
con la pelota controlada, nadie sospechó lo que venía...
Maradona aceleró, frenó y desequilibró a Butcher provocando un
¡Olé! del público. De inmediato, volvió a proyectarse y
continuó su avance, serpenteando, dejando rivales en el camino
como si estuviera siendo guiado por una de las sinfonías de
Bethoven... No, no parecía haber forma de pararlo.
Salió Fenwick a interrumpir su desborde, pero Maradona ofreció
una demostración de la flexibilidad de su cintura y control
muscular para contorsionarse, superando ese estorbo.
Pronto, estuvo frente al arquero Peter Shilton, listo para
definir, y lo hizo utilizando su experiencia, destreza, astucia y
genialidad.
Sacó del paso a Shilton con un quiebre, y mientras Butcher
retornaba desesperadamente, soltó el zurdazo para completar la
magia, sacudiendo la red para establecer una ventaja de 2-0 en la
pizarra.
¿Quién frotó la Lámpara para que apareciera el genio?, fue una
pregunta natural frente a la secuencia de maniobras magistrales.
Antes, con “la mano de Dios” (un gol hecho con la ayuda del puño
derecho), Maradona había abierto el marcador, y cuando Gary
Lineker derrotó al portero argentino Pumpido para el único gol
inglés a los 81 minutos, todo estaba consumado... El marcador
final fue 2-1 y Argentina continuó hacia la conquista del título.
Edgard
Tijerino M.
INSPIRACIÓN
DIVINA
“Sólo sé que la pelota estaba siempre junto a mis
botines... La inspiración no flaqueó en ningún momento y me
sentí capaz de seguir, pero la cancha se estaba acabando y
debía definir”, dijo Diego en aquella ocasión en una
entrevista.
Un buen escritor diría: “Fue un rapto de inspiración
divino y seductor... Un poema en la cancha... Dichosos quienes
lo disfrutaron”.
“Difícil de creer. Era necesario verlo para no dudar. Lo más
impresionante fue su seguridad para maniobrar”, admitió el
arquero Shilton.
El gol de Maradona fue una obra de arte, un paseo por las
nubes, un dibujo en el Paraíso. Una carrera que duró diez
segundos desde que el futbolista argentino se apoderó de la
pelota y recorrió 60 metros, burlando a seis rivales
ingleses, incluido el argentino Shilton, para anotar el gol más
increíble de todos los tiempos.
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