DELIRIOS
EN TORNO A
UN CÉLEBRE CADÁVER |
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DELIRIOS
EN TORNO A UN CÉLEBRE CADÁVER
(Fragmento
'EL CASO EVA PERÓN',
del Dr. Pedro Ara, )
Mas
ya recién iniciada la exhibición de sus restos, desde el mismo día
27 de julio de 1952, comencé a conocer opiniones increíbles
tanto por lo que manifestaban como por la categoría de las
personas responsables. No es cono para abrir con ellas un capítulo
de absurdos; pero no se los puede pasar por alto, porque tuvieron
su trascendencia. Indudablemente constituyeron el germen de la
serie de bulos que rodando, rodando durante tres años, llegaron
hasta el Gobierno provisional y en octubre de 1955 lo movieron a
investigar si lo que guardábamos en la CGT era realmente o no un
cadáver humano. No los vamos a reseñar en todas sus variedades;
vaya sólo una síntesis.
Para
empezar, una señora extranjera de elevada posición social díjome,
adoptando un aire misterioso:
-Yo
no sé, doctor, lo que han hecho con esa pobre mujer, pues la han
dejado reducida al tamaño de una muñeca; seguramente no llega a
un metro de la cabeza a los pies.
Por
lo visto, según nuestra dama, habíamos resuelto el que creíamos
insoluble aunque inútil problema de encoger los huesos en
veinticuatro horas y sin sacarlos del cuerpo.
Unas
señoras, confundiendo las sombras producidas por las luces del
otro lado con el color de la piel, afirmaban muy serias que se
estaba poniendo negra.
Otras,
en cambio, sostenían que era imposible que a la señora se le
hubiera podido conservar tan bonita; debía de ser artificial, y
sin detenerse aquí, pasaron a propalar que desde semanas o meses
antes de la muerte ya se tenía preparada otra cabeza
estupendamente imitada.
Para
algunos, sólo era verdad lo que se veía a través del óvalo del
cristal: es decir, la cabeza y el cuello, todo lo demás
–afirmaban, segurísimos- hubo de ser quemado a causa de la
enfermedad.
Poca
mella me hacían tan fantásticas observaciones; más me indujeron
a sospechar lo que en éste y en otros aspectos de la exhibición
iba a ocurrir, y a pensar en que el consejo de dar fin al espectáculo
del velorio debía ser incluido en mi carta del 29 de julio al
Presidente. Y eso que aún no conocía el fabuloso proyecto de no
sé quién, según el cual un cortejo fúnebre nunca visto llevaría
la figura yacente de Evita en exposición por todas las provincias
y territorios argentinos durante varios meses.
Desde
luego, por lo conversado con el general Perón, el día 6 de
agosto, puedo afirmar que semejante traslado no estuvo jamás en
la imaginación del Presidente.
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