ARGENTINA
SÓLO SE CONFIESA
ANTE DIOS |
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ARGENTINA SÓLO SE CONFIESA ANTE DIOS
"Argentina
sólo se confiesa ante Dios", afirmó el Ministro del
Interior de la última Dictadura Militar, general Albano Harguindeguy.
Según estimaciones de la Junta Militar, en septiembre de 1977
estaban detenidos o abatidos unos 8.000 subversivos'. Había,
aunque no se dijo, 300 campos clandestinos de prisioneros. Los más
importantes eran Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica de la
Armada (ESMA) y la Perla (Córdoba).
El
temible método de hacer "desaparecer" a personas sin
dejar rastro fue adoptado por la Junta para eludir
responsabilidades, evitar demostraciones de dolor o de venganza y
sembrar un terror vago, silencioso y eficaz. Dicho método facilitó
la eliminación no sólo de personas armadas y entrenadas, sino de
personas de ideología progresista, cristianos de izquierda,
asistentes sociales, periodistas y alumnos secundarios que
reclamaban por cuestiones estudiantiles.
Para
llevar adelante este proyecto siniestro, que alteraba
profundamente los códigos morales de la vida militar, se hizo un
"pacto de sangre" entre oficiales y suboficiales. En Córdoba
se obligó a los oficiales a participar por turno rotativo en las
distintas etapas de la represión, la tortura y el fusilamiento.
Impulsaba este procedimiento el general Luciano Benjamín Menéndez,
jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, uno de los más poderosos
"señores de la guerra". Temibles fueron también el
general Ramón Camps, jefe de la Policía bonaerense, y el general
Guillermo Suárez Mason, del Primer Cuerpo de Ejército.
En
1978, cuando el país se preparaba para el Mundial de Fútbol, la
opinión pública internacional, movilizada por los organismos de
derechos humanos, estaba mejor enterada de los efectos de la
"guerra sucia" que los propios argentinos. Esto se debía
al riguroso control de los medios de comunicación ejercido por el
gobierno y al asesinato de los periodistas que no cumplían con
las reglas impuestas.
Los
casos de la desaparición en la ESMA de dos religiosas francesas y
de la adolescente sueca Dagmar Hagelin, apresada por error,
tuvieron especial repercusión internacional.
Se
discute todavía hoy el número de víctimas de la "guerra
sucia". Los organismos defensores de derechos humanos -Madres
de Plaza de Mayo, Asamblea Permanente por los Derechos Humanos,
Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS)- denunciaron la
existencia de 30.000 desaparecidos.
El Informe de la Comisión
Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep, 1984) comprobó
8.960 casos de personas secuestradas y desaparecidas, y los de
1.898 más, muertas en enfrentamientos con fuerzas del orden.
Otras 889 que fueron secuestradas, sobrevivieron e informaron de
su reaparición. Se estima asimismo que los atentados de la
organización derechista Triple A mataron a alrededor de 900
personas. Sobre estas bases, un cuidadoso estudio del general español
Prudencio García propone una cifra que oscila entre 15.000 y
20.000 desaparecidos, porque, dice, muchos nombres no fueron
denunciados ante la Justicia.
En
las Fuerzas Armadas y de seguridad, las víctimas de los atentados
de la subversión fueron 687. Sus familiares se agruparon en FAMUS.
Por consiguiente, por cada uno de los caídos gubernamentales habrían
muerto más de veinte terroristas.
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